lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Quien es... Malena Melis






Podía ser una mañana cualquiera de verano, pero hoy siento que no será una mañana corriente, sonrío.  
Siento mariposas, y son de las buenas y bonitas.
Me acerco a esta ventana que me une a vosotros y entonces me siento FELIZ. Necesito escribiros, a algunos porque casi me conocéis y a otros porque desearía llegar a conoceros.

Si os digo que me llamo Malena, puede que solo os recuerde un título literario , "Malena es un nombre de tango" de Almudena Grandes.  Sonrío.  La verdad, es que Malena es una mujer corriente.  Mi madre bromeando os hubiera dicho, que soy del "montón grande". 

Nací en el campo, tal vez eso me hizo de campo. Adoro la naturaleza y siento que ella a veces hasta me guiña el ojo simplemente dejándose acariciar o contemplar.


Mis primeras palabras no fueron ni papá ni mamá, sino "Erri", que era una extraña palabra que pronunciaba con energía uno de mis labradores favoritos, y que soltaba a bocajarro, cuando quería que el caballo avanzara . Casi puedo recordar su tono y sobre todo lo que me hacía sentir. 

Supongo que aquí fue la primera vez que me di cuenta que "contemplar la vida me daba vida".
Realmente es cierto que podrás olvidarte de las personas, pero nunca de lo que te han hecho sentir

Vivía rodeada de plantas,  animales, mis perros y de arboles con ese olor a flor de naranjo que creaba escenarios dulces. 
Los amaneceres estaban arropados con el cariño de mi padre, que me preparaba un chocolate caliente en invierno y me acercaba la ropa calentada frente a la chimenea. 

Los atardeceres tenían el sabor inconfundible del amor de una madre de posguerra, de aquellas que escuchaban algún programa radiofónico, como "Elena Francis", en él que la atención no estaba en aprender consejos, sino en aprender a no utilizarlos, sonrío.
Aquellas tardes terminaban con nuestras charlas, en las que yo sentada en el suelo frente a la chimenea, la miraba tranquila y reconfortada  aprendido lecciones de vida.

Ahora estoy cayendo en esos recuerdos melancólicos que se superponen, cuando la emoción quiere ser contenida por la razón  y el corazón se ríe a carcajadas de los propósitos de enmienda .  

Las estaciones cambiaban, pero la esencia permanecía.
Me gustaba sentir la lluvia en la cara, oírla en el tejado desde la cama, verla tras unos cristales. 
Hubo muchas emociones que me hicieron sensible a las sensaciones.




Las etapas no se cerraban, pero la forma de vivirlas y sentirlas, inevitablemente lo hicieron.


Mis padres decidieron que sería mejor empezar una nueva vida en la ciudad. El campo solo
se reservó a partir de entonces, para los fines de semana y las vacaciones.
En el camino hacia el encuentro con la nueva vida en la ciudad, no disfrutaba del paisaje , solo tenía la necesidad de querer llenar mi mochila con todo lo que salía al paso.


Despedirse para volver puede difuminar las ganas de llorar, y con mis lágrimas a medio camino seguía cantando las canciones de moda.


Recuerdo aquella primera mañana de colegio. Aquel colegio era tan grande ... que yo me sentía muy pequeña; ahora entiendo que demasiado. Las niñas iban de uniforme y aunque parecían iguales, eran muy distintas. Me acerqué a luna de ellas, pero creo que mis dos trenzas no le gustaron. Sin soltar palabra tiró de ellas y se apartó. Unos minutos más tarde, otra niña morenita, muy simpática, me dijo algo tan simple como: "¿Quieres ser mi amiga?", y yo sin pensarlo, le cogí la mano y nos prometidos fidelidad para el resto del curso. Esa fidelidad aún hoy sigue manteniéndose y a pesar de no seguir viéndonos cada día como en aquella época, nos une lo que realmente lo hace: la cercanía en el corazón.

Estoy haciendo memoria de si viví la adolescencia o fue la adolescencia que vivió en mí.
No era muy agraciada, incluso algunas decían que era feúcha y  además en aquellos años estaba un poco gordita.


Pero un día decidí que ya no buscaría más en el espejo nada que no hubiera. 
Jamás sería ni muy alta, ni muy guapa, ni morena, ni ... Pero decidí que me iba  a enfrentar a conseguir aceptar mi YO, con todo o con nada, y empezar ese aprendizaje que me acercara a conocerme aún más desde dentro, para poder dar luz a lo de fuera. 

Pasaron días, meses y años... Si pudiera definirme no lo haría, creo que es una labor complicada, porque incluso nuestras propias definiciones pueden ser temporales. 

Catalogarnos a nosotros mismos, tal vez sea contraproducente, porque en esa ansia de limitar nuestros límites, podríamos encasillarnos en algo que creemos que somos y que podemos evitar ser. Sonrío. 

En estos últimos años, dediqué tiempo, espacio y corazón, no solo a convivir con el Alzheimer de mi madre, sino a buscar esa lectura no fácil pero linda, de que todo pasa para enriquecer nuestro camino hacia la felicidad.  Fue mucho más fácil de lo que imaginé, conseguí conciliar despacho laboral, mis tres hijos, y ser su compañera de viaje en los hospitales, convirtiéndolos  en nuestras estaciones. 

Pienso que la ilusión en no perderla, da la fuerza necesaria para no solo seguir, sino para no parar. 

Aprendí que no hay más soledad que el que se quiso quedar solo, el que renunció a su familia, amigos ... a respirar ... Sacrificando lo que realmente vale, que no son las cosas, sino las personas que dan y reciben amor. 

En ese tiempo pude hacer mío el lema de vive y deja vivir. Mi fuerza está ahora en ver siempre "no solo puertas cerradas, sino puertas pendientes de abrir";  y si algo no olvido es que la vida es como andar en bicicleta, si se quiere mantener el equilibrio... se tiene que seguir avanzando. 

Me haría muy feliz seguir avanzando con vosotr@s,  sin esperar nada más que aprender a llegar allí donde las cosas buenas y bonitas a veces llegan y se quedan......en el ❤️.  

Acompañar a las grandes personas que viven en sus pequeños mundos. Cada quien es cada cual, con todo o con nada, pero recordando que vivir no es sobrevivir. Qué podemos aprender a buscar los medios y la forma de vivir la vida,... sintiéndola sonreír cerquita del alma
Andamos?;)