lunes, 23 de noviembre de 2015

DUEÑOS de verdades propias o INQUILINOS de verdades ajenas


Qué ilusión me hace ver esta película!!!!!!!!
Si es que cuando hace ilusión da igual si vas solo, si hace frío, calor, si hay cola....
Porque cola hay para rato... Al final voy a coger el gusto a hacer cola, sonrío.

Delante tengo un grupo de adolescentes que están pensando todavía que película van a ver... Creo que no les quedará otra que entrar en diferentes salas, sonrío.
Hay uno al que no creo que convenzan, otro que con cada propuesta que proponen los otros compañeros, él se sube al carro, y otros que ni frío ni calor... En fin de todo un poco...

Me pregunto si se podrán de acuerdo y sobre todo quién será DUEÑO de decisiones PROPIAS o INQUILINO de decisiones AJENAS. Ya tengo tema para escribiros... Sonrío
Siempre hay situaciones en las que tenemos que tomar decisiones y no todas son tan poco trascendentales en nuestra vida cómo elegir una película de cine.

Me he dado cuenta que en general hay tres formas de reaccionar ante una cuestión que debe decidirse.
Los que desde el primer momento tienen su propio criterio, incluso pueden llegar a pensar eso de "porque sí o porque me da la gana".
Los que necesitan pensar y repensar, consultarlo con casi todo el mundo, hasta que se hartan de no decidir y ese día deshojan la margarita y dicen eso de "estoy harto... Ya está ... Pues ... Eso, hala!"
Y los que ni sufren ni padecen porque lo más cómodo es que otros decidan por ellos.

No es fácil saber siempre qué y cómo elegir, porque en muchas ocasiones no hay una sola solución ni una única elección. Está claro que "HABERLAS, HAYLAS", sonrío.

Tal vez lo que HAGA más "PUPA a la FELICIDAD", es elegir aquella verdad de los demás, porque esa verdad  no aligera nuestro equipaje, sino que simplemente nos hace olvidar que nuestra maleta no era aquella y nuestro destino tampoco.

Mejor obviar los consejos de algunas personas que no tienen que lidiar con los resultados.

Otro tema es que siempre habrá personas que inevitablemente juzgarán mal o muy mal nuestra decisión. Puede que estos podrían entendernos mejor si les prestásemos nuestros zapatos... pero... yo soy de las que piensan que ante la intolerancia no vale la pena ni eso...

Yo apuesto por el único latido que ayuda en estos casos y es el latido subjetivo que suena tan agudo, que ni tapándonos los oídos desaparece.

Lo que sí es una suerte es estar arropados por esas personas con calidad humana para escucharnos y esa experiencia para aconsejarnos. Esas que saben salir de la escena para no perder el hilo del verdadero guión.

¿Qué suele unirnos a todos ante una decisión?
El miedo a equivocarnos.
Miedo a buscar aterrizar en el pasado.
Un plaf nos recuerda si es cierto que todo vuelve.
Miedo a volar hacia el futuro.
Decidir ser decididos y sustituir el "¿Qué pasa si al saltar ME CAIGO? " por el "¿Qué pasa si al saltar vuelo?".
Si es que caerse no es nada raro.

Pero lo bueno es que si nos caemos, podemos recordar aquello que nos caeremos como todos, pero vamos a aprender a levantarnos como ninguno. ;)

Miedo a afrontar el presente. Para ése, puede ayudarnos oír en silencio que circunstancias o complementos circunstanciales de lugar, modo, tiempo, causa... nos hicieron avanzar, caminar hacia el presente donde los kilómetros dejan de serlo y los sentimientos dejan de ser ilegibles.

Si al final nuestras decisiones  nos ponen espinas en el corazón... nos queda sustituir una espina por una FLOR. Pongamos flores... sonriamos, volvamos a intentarlo, pero no renunciemos a lo único auténticamente nuestro: ser "DUEÑOS de nuestras VERDADES y no INQUILINOS de VERDADES ajenas".

Así que fuera miedos porque "el que tiene boca, se equivoca" y "el que no llora, no mama" y sobre todo porque a lo "hecho... pecho" .

Para la gran mayoría de decisiones deberíamos fiarnos más de la intuición del corazón que de la sabiduría de la razón.

Y sobre todo recordar que la felicidad es la única decisión que sí se debe tomar todos los días.

¿Nos decidimos a ser felices esta semana? Yo decididamente os recuerdo que se os quiere... Sonrío