lunes, 25 de abril de 2016

Y sin MÁS ni MENOS...


¡Hola María! Dónde vas con esas prisas?“ -le pido sonriendo mientras la veo avanzar directo hacia la salida, con una caja debajo del brazo apoyada en la cintura y el bolso a medio colgar-
Hola y adiós Malena, lo siento pero no estoy para explicaciones.” -me contesta tan rápido que no sé si la he entendido bien-
Carolina,¿tú también hola y adiós?” -le pido a otra compañera de la recepción, ya esperando cualquier cosa-
Ni te imaginas la que se ha armado aquí.” -me adelanta, y sigue en voz bajita-
El jefe le ha pedido un documento y ella se ha puesto en pie y SIN MÁS ni MENOS... lo que has visto.” -me responde Carolina-
Hombre Carolina, sin más ni menos... ¿Algún motivo más debía tener no? O tal vez hoy le había pasado algo en casa y estaba más nerviosilla…” -le respondo-
Pues ni lo sé ni me importa, con lo mío tengo bastante.” -sigue Carolina como si se sintiera hasta aliviada por la partida de María-
No insisto en el tema, me despido de ella y entro al despacho de mi cliente.
Como no soy de preguntar más de lo que a mí me gustaría responder... ni menciono lo que he presenciado y él intenta demostrar que "aquí no ha pasado nada".
A veces la apariencia de normalidad es un alivio para el que vive una situación ajena y que no quiere convertirla en propia.


La reunión ha sido más corta que de costumbre y ya se me ha hecho la hora de comer. Como en mi isla llegar al mar es cosa de minutos, ni corta ni perezosa me voy a disfrutar un rato de su compañía.

Los que me conocéis ya sabéis que es inevitable pensar y reflexionar sobre lo que me ha pasado. Me viene la imagen de María con esa expresión de rabia contenida y ese gesto de "estoy hasta la moña" y me pregunto si habrá sopesado todos los “pro y contra” de esa decisión.

Tomar decisiones en momentos de enfado no nos ayuda a valorar otras opciones ni escoger el camino más indicado para sentirnos mejor.

Recuerdo que en algún momento leí algo como: "Nunca cortes un árbol en el invierno. Nunca tomes una decisión negativa en los momentos bajos. Nunca tomes tus decisiones más importantes cuando estás de mal humor. Espera. Se paciente. La tormenta pasará. La primavera llegará."

También es cierto que de cada vez más pienso que es bueno no dejar que los vasos estén ni tan siquiera casi llenos.

A veces reprimimos una opinión, una queja, un comentario por no ofender, pensando en los efectos colaterales que puede provocar, pero sin prever los efectos secundarios de dejar de hacerlo.

No es aconsejable ir dando voces ni portazos por la vida cada vez que alguien nos haga algo que no nos gusta o no nos hace felices, pero sí podemos insinuar o exponer de una manera acorde con nuestra forma de ser y sentir, que aquello o lo otro no nos ha parecido bien o que incluso no estamos dispuestos a tolerar que vuelva a ocurrir .

Demos oportunidades a los demás dándonos la oportunidad a nosotros mismos de ser auténticos con nuestros sentimientos y emociones.

No sirve de nada esconder nuestras preocupaciones o nuestros disgustos por algo o con alguien, si al final hemos de "coger la puerta e irnos". Volver no es siempre fácil ni prudente, así que antes de marchar puede irnos muy bien "poner las cosas sobre el tapete" y dialogar.

Hay casos en el que ese diálogo parece que no soluciona demasiado, porque el interlocutor hace caso omiso a nuestras palabras y aún menos a nuestras propuestas para mejorar aquella relación laboral, de amistad, relación de pareja o situación familiar...
¿Consecuencia? El hasta aquí podíamos llegar.

En nuestras vidas a casi todos nos ha pasado situaciones en las que sentimos unos irrefrenables deseos de coger la caja debajo del brazo y decir "hasta luego Lucas". Son momentos en los que sentimos que estamos reclamando algo que deberían darnos sin reclamar.

Para cargar pilas es bueno coger unos "momentos reales" para reencontrarnos con nosotros mismos, cuestionarnos si estamos bien y felices con lo que aguantamos, y sobre todo si podemos hacer algo para mejorar la situación.
Preguntarnos cosas sencillas para obtener respuestas sencillas y prácticas.

La vida cotidiana teje situaciones que nos restan tranquilidad y felicidad, tal vez desenredar esas pequeñas cosas nos pueda aportar mejor calidad de vida emocional.

¿Qué podemos hacer para que aquella situación intolerable deje de amargarnos?
Ahora recuerdo una cita sobre eso de Steven Covey que dice "No soy producto de mis circunstancias, soy producto de mis decisiones".

Solucionarlo puede ser tan simple como querer reconocer nuestras circunstancias, pero solo para tomar las decisiones necesarias para cambiarlas.

A veces puede ser necesario buscar el momento y la forma de decir " hasta aquí podíamos llegar "o ¿Quien dijo ... Miedo?“.

Un SÍ o un NO puede cambiarlo todo. Aprender a decir NO es una medicina para la ansiedad. No se puede decir siempre sí a todo ni a todos.

Sabéis que siempre apuesto por el equilibrio y en la búsqueda de ese equilibrio puede servirnos de baremo la coherencia entre lo que pensamos y lo que damos a entender que pensamos.

Hoy me despido de vosotr@s con una reflexión de mi admirado Jim Rohn: "No puedes cambiar tu destino de un día para otro, pero puedes cambiar tu dirección de un día para otro."

Animo a no olvidarnos que cuando parece que las cosas son irremediablemente así y que estamos destinados a vivirlas así, podemos tomar la decisión de decidir cambiarlas!


Me gusta tanto que os paséis  por esta  ventana en la que siempre tengo un asiento reservado para cada uno de vosotros. Es inevitablemente que me haga feliz que "sin más ni menos" os encuentre delante o detrás de esta pantalla, pero sobre todo al lado acompañándome en esta bonita aventura de escribiros con y desde el corazón.

Os deseo una semana relinda a tod@s!!! Sonrío.